Un torneo más para Santos Laguna que termina con un agrio sabor de boca. Si bien se llegó a instancias que a mediados del torneo parecían insospechadas, el hecho de caer nuevamente en una Final plantea muchas preguntas. Si bien es cierto el haber alcanzado la tercera final en cuatro torneos habla de una considerable y aplaudible continuidad, esta no debe ser confundida con el continuismo. Aunque pareciera una contradicción, urge renovar un plantel que no ha sido rediseñado desde la llegada de Oswaldo Sánchez, Daniel Ludueña, JP Rodriguez y compañía de cara a lo que se veía como un inminente descenso en el 2007. En aquella ocasión sólo un golpe de timón y los billetazos (más un pequeño guiño de la suerte) lograron hacer salir al equipo de la espiral descendente en la que se había metido de torneos atrás. El resto es historia, se formó un gran equipo que a la postre saldría Campeón maravillando no sólo a la Comarca sino al país entero por su forma de juego.

Han pasado cerca de cuatro años desde el último título santista. Son ocho torneos, de los cuales los laguneros han estado en la Final en tres de ellos. Se ha dejado escapar la oportunidad de hacer época, de intentar conformar una dinastía. El escudo y las vitrinas bien podrían estar presumiendo ya 6 estrellas, 6 trofeos, 6 campeonatos. Hemos visto como nos han alcanzado y superado los dos odiados rivales regionales. Hemos visto como la gloria se escurre entre los pies de los jugadores cuando ya más cerca la teníamos de nuestras manos. Hemos visto como pasamos a ser mofa nacional por aquello del subcampeonísimo.

Así como en el 2007 la Dirigencia realizó cambios de fondo y cuantiosas inversiones porque el equipo y el proyecto lo ameritaban, así deberían estar considerando cambios y nueva etapa para el Club en estos días. Así como para evitar descender se hicieron modificaciones importantes, así se requieren cambios para salir del marasmo de las finales perdidas. Y hoy mas que nunca la palabra cambios no podría ser tan atinada, futbolísticamente hablando. No estoy hablando de cambios drásticos ni de una nueva filosofía de juego, mi apreciación personal es que le hacen falta cambios a Benjamín Galindo.

Todos sabemos que al técnico santista lo que menos se le da tácticamente son los cambios, y si a eso le aunamos que la banca que tiene no le da un susto ni al mas débil rival de Concachampions, entonces tenemos un gran problema que se magnifica en circunstancias como la de los dos juegos de la Final, donde por lesiones o expulsiones el equipo quedo tan mermado que ya no pudo reponerse a pesar de la garra mostrada. Para mi, mas que grandes contrataciones bomba lo que requiere este equipo es una banca que le meta “calambres” a los considerados titulares. Jugadores en la banca que realmente compitan por ser titulares y no meros rellenos. Jugadores que durante el interescuadras semanal le peleen los puestos en el once titular a las llamadas vacas sagradas. Tantos jugadores así supondrían un problema para Galindo, pero el sería el primero en estar contento de tener el dilema de a quien alinear si todos tuvieran la calidad para ser tomados en cuenta. Ejemplos sombran: ahora nos damos cuenta que el joven Ibáñez es el ideal para sustituir a Estrada pero caemos en que Becerra jamás hará temblar a Oswaldo.

Las mas recientes actuaciones de Quintero, Ludueña, Rodríguez  y Baloy no hacen mas que confirmar lo anterior. Más allá de una revolución al interior del plantel lo que realmente le hace falta al Club es tener sustitutos de calidad en los puestos claves en el terreno de juego para generar una competencia interna en la que todos saldrán ganando. Los primeros pasos del Club han sido acertados; Hérculez Goméz vendrá a pelear un lugar y a evitar que Oribe se duerma en sus laureles. Por otra parte al desprenderse de jugadores con bajísimo nivel como Ochoa parecería que por fin están mandando el mensaje de que sí aquí no rindes, te vas.

Ojalá.

awante!