Llegó como delantero, se consolidó como central, en tiempos de tempestad incluso jugó de lateral, siempre con el corazón en una mano, Rafael Figueroa,   máximo exponente del Guerrero lagunero.

Sencillo, humilde, proveniente de una familia de buenos deportistas, Rafael Figueroa es el máximo exponente de lo que es ser un Guerrero, no es para nada el tipo de defensa virtuoso, elegante, con un buen toque de balón, sin embargo todo eso lo recompensa con su garra a la hora de jugar, al grado de ser comparado con Pedro Muñoz, otro jugador lagunero reconocido por su garra a la hora de jugar.

Cada que veo a Figueroa en el campo con la playera de Santos siento una emoción especial, como si fuese un ser querido, para mi Rafael es un futbolista que a lo largo de su carrera ha sufrido decenas de injusticias, como habitualmente suceden en el futbol nacional o internacional, su condición de canterano y lagunero muchas veces lo han llevado a la banca de manera injusta, centrales van, centrales vienen (en su mayoría extranjeros) sin embargo no importa, el Gladiador siempre está ahí para dar la cara por Santos.

Desde Mustafá, pasando por Lacerda, hasta Aarón Galindo (por decir algunos) todos medio rindieron, nunca se establecieron, sin embargo Figueroa estuvo ahí en la salvación del descenso (curiosamente contra Cruz Azul), haciendo partidos formidables a lado de Fernando Ortiz, obteniendo el campeonato (contra Cruz Azul) haciendo partidos formidables, hasta que llega un extranjero, cuando una vez más se pone a este Guerrero a comer banca injustamente, hasta que llega alguna circunstancia que lo pone a jugar y deja en claro que como él, nadie defenderá ese puesto en la defensa central.

¿Hasta cuando se le hará justicia a Rafa?
¿Cuando los técnicos de Santos dejarán de lado el complejo de inferioridad que parecen tener en él?

No sé si será hoy, mañana, o el otro año, lo que sé es que Rafa ahí estará esperando para entrar al campo.

Twitter  | @adrian_alvizar
Fotografía |  televisadeportes.esmas.com