El portero, la posición de un futbolista que menos interviene dentro del terreno de juego en un partido. En diversas opiniones, la que cuenta con menos reflectores por la cantidad de tiempo en el que se ve inmerso en el encuentro, por el tiempo total que interactúa con el balón en un cotejo, y para muchos, un guardameta no tiene la suficiente técnica individual para poder estar en otra posición en la cancha, y por ello termina siendo el encargado de proteger la portería ante cualquier embate del equipo contrario para que la pelota no cruce la línea de gol.

Aunado a esto, el ser portero puede ser la posición más ingrata del fútbol al tener dos matices dentro de lo que es el desarrollo del juego. Ejemplo de ello sería que: Un cancerbero puede ser la figura del encuentro, salvando en repetidas ocasiones su arco, imposibilitándole al rival el tan anhelado festejo de la anotación. Llevándose así, los aplausos de los aficionados del club al cual pertenece, así como las típicas palmadas en la espalda por parte de sus compañeros, como símbolo de premio por la gran actuación brindada a lo largo del cotejo. El público no tarda en comenzar a corear el nombre del que, hasta el minuto 89, se había convertido en el héroe de cientos de miles de personas. Pero, qué tal si en los últimos instantes del partido, cuando corre el tiempo de compensación, ese hombre que era el ídolo de las multitudes, se atreve a cometer un pequeño, pero gravísimo error que le cuesta el resultado, el triunfo, la eliminación a su equipo? Automáticamente, se convertirá en el villano. Y ni todas las grandes atajadas que tuvo en los primeros 90 minutos tendrán valor ante las severas críticas por el gran error cometido.

Por ello, no es sencillo el tomar el liderazgo que representa el ser el guardameta de un equipo. Y menos, cuando se está en busca de lograr un título, ya que la seguridad que se debe de tener bajo los tres postes debe de ser máxima, si es que se quieren tener aspiraciones a lograrlo.

Es por eso, que cuatro porteros han quedado plasmados con letras de oro en la historia de Santos Laguna, por convertirse en unas verdaderas murallas a lo largo de las correspondientes temporadas en las cuales se conquistaron los títulos para el equipo de la Comarca.

Dos de ellos de nacionalidad argentina como lo son: José Miguel Zavadlav, cancerbero albiverde del año 1995 a 1999. Fue parte de aquel equipo que conquistó el primer campeonato para Santos. Una de sus características que más llamaban la atención, eran los buenos reflejos que presentaba ante los disparos del equipo contrario. Llegó a Santos después de debutar y desarrollarse como futbolista en uno de los clubes más importantes e históricos del continente americano, River Plate de Argentina. El otro gran meta de origen argentino es, Agustín Federico Marchesín. Llegó al cuadro lagunero para el torneo Clausura 2015, procedente de Lanús de Argentina, con la encomienda de ocupar el hueco que dejaba nada más y nada menos que Oswaldo Sánchez, tras su retiro del fútbol. De inmediato sus grandes actuaciones y salvadas lo convirtieron en un ídolo de la afición santista. En su primer torneo en el club, logró salir campeón, siendo una pieza fundamental para la obtención de la quinta estrella. Fue considerado el jugador del certamen por la Liga Bancomer MX. Actualmente sigue siendo arquero y figura de los Guerreros.

Los otros dos grandes e importantísimos porteros para Santos que se han cubierto de gloria, han sido los mexicanos: Adrián Martínez Flores, mejor conocido como “el grande”. Campeón con la escuadra albiverde en el Verano 2001. Además de participar en otra final donde salió sub campeón en el Verano 2000. Fue el guardián del arco lagunero en dos etapas: De 1998 a 2003. Y en la temporada 2004-2005. Con un total de 223 partidos defendiendo la portería de los Guerreros. Su gran ubicación y altura, lo llevaron a ser convocado a la selección mexicana, en su estancia en Santos Laguna. Para finalizar, y no por ello es el menos importante, al contrario, quizás es el cancerbero más recordado por la afición lagunera. Su nombre es Oswaldo Javier Sánchez Ibarra. Un icono en la historia del club. Su llegada al equipo verdiblanco se dio en el torneo Clausura 2007, para buscar la permanencia en la Primera División. Desafortunadamente, apenas 6 partidos después de su arribo, tuvó una lesión que lo alejó casi 8 semanas de las canchas. Posteriormente, regresó a la actividad en las fechas finales y decisivas para el equipo. Santos Laguna logró salvarse del descenso y cumplió así su primer objetivo y su primera gran huella en la institución. Las otras huellas, mucho más gratas, se dieron al coronarse campeón de Liga en el Clausura 2008 y en el Clausura 2012. Participó en 7 finales. 5 del torneo local y 2 de CONCACAF Liga de Campeones. Anunció su retiro al finalizar el Apertura 2014, dejando un legado en el arco de Santos y en el Fútbol Mexicano.

Un reconocimiento a todos y cada uno de los porteros que han vestido la playera de los Guerreros, por esa posición tan complicada y hermosa a la vez. Pero en especial, a estos cuatro arqueros que nos han brindado victorias inolvidables, sin duda son… Porteros con estrella.

Gracias por leerme Guerreros!

Miguel Moreno | Twitter @miguelhommie7

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