El gol es el orgasmo del fútbol. Un paroxismo multitudinario que enciende a la tribuna y que hace estallar a las miles de gargantas presentes en el estadio y también a quiénes lo ven por televisión. Cito al escritor uruguayo Eduardo Galeano

El entusiasmo que se desata cada vez que la bala blanca sacude la red, puede parecer misterio o locura-” pero hay que tener en cuenta, que hay ciertos goles que se dan con poca frecuencia, a esos los llamamos golazos, poemas de gol.

Así, arranco esta sección, inaugurandola amable lector, con el recuerdo de un poema de gol que seguramente habita aún en la memoria de los aficionados guerreros.

El autor de tremenda joya lleva por nombre Antonio “turco” Apud. La fecha: 18 de marzo. Temporada: 1994-95. Estadio: Jalisco. Rival: Atlas.

Con el número 29 en los dorsales, el futbolista argentino con su eterna melena larga, arrancó desde atrás de la media cancha, quitándose primero a un rival con una jugada “de tacón” y retrocediendo para hacer una finta y eludir a tres jugadores rojinegros; posteriormente comenzó la veloz marcha del turco rumbo a la portería rival, dejando en el camino en la media cancha a un jugador del atlas. Su melena se agitaba con frenesí, rompiendo el viento cual equino corriendo libre por la pradera. Así pues, por más de 60 metros con la pelota dominada, el turco desdeñó la señal de Asprilla que le pedía el balón pues quedaba mas libre, sin embargo el turco se tuvo confianza y siguió a todo galope, cuando de pronto y para sorpresa de todos, decidió “picar” la pelota estando varios metros fuera del área, cito al escritor italiano Umberto Eco con un extracto que queda perfectamente con la jugada de Apud:

Lentamente ascendió el balón en el cielo. Entonces se vió que estaba lleno el graderío, en la portería estaba el poeta solitario

El balón se anidó a primer poste de una manera agónica mientras que el cancerbero atlista fue sólo un espectador del esférico. La afición de atlas quedó enmudecida mientras que el turco festejaba con sus compañeros con un baile que bien pudo ser un ritual al dios gol.

Quedan pues inmortalizados ciertos golazos en la historia de santos, poemas de gol que cada viernes recordaremos desde esta trinchera.

Martín Solís | Twitter @martin230

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